Jabones de Vino La Navazuela · Soria

El obrador

Cómo hacemos un jabón de vino, paso a paso

Tres días de trabajo y seis semanas de espera. Ni una gota de vino de fuera, ni una máquina que haga lo que se puede hacer con las manos.

Vino tinto sirviéndose en una copa antes de reducirlo

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Lunes por la mañana

Reducimos el vino

Sacamos entre tres y cinco litros del depósito —normalmente el vino que se queda corto de grado para embotellar— y lo llevamos a fuego muy suave durante un par de horas. El alcohol se marcha, el agua se va, y lo que queda es un jarabe oscuro, espeso y muy concentrado en color y polifenoles.

  • Reducción a un tercio del volumen inicial, sin llegar nunca a hervir fuerte.
  • Se enfría toda la noche a temperatura ambiente y se congela en cubiteras.
  • Los cubitos de vino sustituirán al agua en la mezcla con la sosa.
Aceite de oliva cayendo en un cuenco junto a aceitunas y uvas

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La base grasa

Pesamos los aceites

La receta base es sencilla y no ha cambiado desde la primera tanda: oliva virgen de una almazara de Ólvega para el cuidado, coco para la espuma, karité o cacao para el cuerpo, y aceite de pepita de nuestra propia uva, prensado en frío, que aporta ácido linoleico y un tacto muy ligero.

  • 60 % oliva · 22 % coco · 10 % karité · 8 % pepita de uva.
  • Todo se funde a 38 °C como mucho: por encima empezaríamos a perder propiedades.
  • Cada receta ajusta el sobreengrasado entre el 6 y el 9 % según para qué sea.
Pasta de jabón veteada vertida en un molde de madera

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El momento delicado

Saponificamos en frío

Disolvemos la sosa sobre los cubitos de vino congelado, muy despacio y con mascarilla: la reacción se dispara y, si el vino no está helado, se quema el azúcar y sale un jabón marrón feo. Cuando la mezcla baja de 35 °C la unimos a los aceites y batimos hasta la traza, ese punto en el que la pasta deja un surco que tarda en cerrarse.

  • Sosa y aceites entran en el molde entre 32 y 35 °C.
  • El veteado se hace a mano con una espátula, en dos pasadas. Nunca sale igual.
  • El bloque se tapa con una manta 24 horas para que complete la fase de gel.
Hollejo de uva tinta recién prensado, antes de secarlo y molerlo

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Aromas y botánicos

Añadimos lo que trae la casa

En la traza entran los aceites esenciales y los sólidos: hollejo molido, carbón de sarmiento, flor de lavanda, avena, arcillas. Van siempre en el último minuto, porque cada añadido acelera la mezcla y hay recetas que pasan de líquido a puré en menos de treinta segundos.

  • Colores: solo arcillas, carbón vegetal y el propio vino. Ningún colorante sintético.
  • Aromas: aceites esenciales puros, dosificados por debajo del 3 % del peso total.
  • Exfoliantes: hollejo secado al sol y molido en el molino de la bodega.
Pastillas de jabón cortadas a mano, secándose sobre la mesa

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La parte más larga

Cortamos a mano y curamos seis semanas

Al día siguiente desmoldamos y cortamos el bloque con lira y cuchillo largo. Las pastillas suben a la estantería de pino, separadas, con el aire circulando entre ellas. Ahí se quedan seis semanas: pierden agua, endurecen y terminan de neutralizarse.

  • Pesamos una a una; las que se desvían más de 5 g se quedan para casa.
  • Medimos el pH al final del curado: entre 8,5 y 9,5, como cualquier jabón real.
  • Un jabón bien curado dura casi el doble en la jabonera. No hay atajo.
Mini jabones alineados listos para estuchar

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Salida del obrador

Sellamos, etiquetamos y anotamos la tanda

Cada pastilla se envuelve en papel kraft con una faja impresa en una imprenta de Soria capital. En la etiqueta van la receta, la variedad de uva, la lista completa de ingredientes, el lote y la fecha en que se hizo. Guardamos una pastilla de cada tanda en el archivo del obrador.

  • Tandas de 60 a 80 pastillas, numeradas por año y semana.
  • Envoltorio de papel y cartón; nada de plástico salvo el dosificador del jabón líquido.
  • Consumo preferente de 24 meses desde la fecha de corte.

Control y trazabilidad

Artesanal no significa a ojo

Controlamos de dónde viene cada ingrediente, cómo se elabora en nuestras instalaciones y qué sale de cada tanda. Es la parte menos vistosa del oficio y la que nos permite garantizar la calidad de lo que vendemos.

Ingredientes certificados

Cada materia prima llega con su documentación de origen. Si una receta necesita algún derivado de palma, exigimos certificación RSPO de aceite sostenible.

Análisis de laboratorio

Todos nuestros lotes pasan un análisis en laboratorio externo antes de salir del obrador. El informe se archiva junto con la pastilla testigo.

Lote a lote

Número de lote impreso en cada etiqueta, con la fecha de elaboración y la de consumo preferente. Con ese número sabemos qué vino, qué aceite y qué día se usó.

Nuestras reglas

Lo que sí y lo que no

Cuatro decisiones que tomamos al principio y que nos siguen costando dinero, pero que definen cómo huele y cómo se comporta el jabón.

Sí: vino propio

Todo el vino, el mosto, el hollejo y el sarmiento salen de nuestras parcelas de La Rasa.

Sí: glicerina natural

La que genera la propia reacción se queda dentro. Es lo que hace que no tire de la piel.

No: base de fundir

No compramos base glicerinada para derretir y perfumar. Partimos siempre de aceite y sosa.

No: prisa

Nada sale del obrador antes de las seis semanas, aunque se haya agotado la receta.

Una duda razonable

¿Y la sosa?

Nos la preguntan en todas las visitas. No existe jabón sin álcali: la sosa es lo que convierte el aceite en jabón. Durante la reacción se consume por completo, y al terminar el curado no queda sosa libre en la pastilla, solo jabón, glicerina y el aceite que dejamos de más a propósito.

Lo comprobamos con tiras de pH tanda por tanda y guardamos el registro. Si alguna vez un lote no da el valor correcto, se destruye entero: nunca se reprocesa.

Pastillas apiladas de jabón exfoliante de hollejo

Ven a verlo

Enseñamos el obrador los sábados por la mañana

Visitas de grupos pequeños, con cata de vino incluida y una pastilla recién cortada para llevarte. Hay que reservar: solo entramos ocho personas a la vez.

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